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LA IMPORTANCIA DEL TRABAJO DE LOS CUIDADOS

En el bienestar y éxito de una sociedad, el papel de los cuidados ha sido fundamental a pesar de la histórica invisibilidad de esta tarea, debido, en gran medida al hecho de considerar trabajo solo a aquellas actividades con un valor monetario de por medio. Muchos de nuestros proyectos tienen como objetivo poner en valor la importancia del trabajo de los cuidados y sensibilizar sobre la necesidad de una mayor corresponsabilidad social en su organización.

Os recomendamos la lectura del informe de Oxfam "Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis de desigualdad" publicado en enero. Sus conclusiones, desgraciadamente, no nos sorprenden: el mundo se colapsaría sin el trabajo de cuidados de las mujeres. A lo largo del informe se muestran cifras y comparativas que nos ayudan a dimensionar la enorme brecha existente las personas ricas y pobres y cómo se suma a esta desigualdad, también, la brecha de género.

Imagen de Luismi Eguiluz (Flickr).

Imagen de Mauricio Dueñas (Agencia EFE).

Os dejamos un resumen del contenido del mismo.

TIEMPO PARA EL CUIDADO. EL TRABAJO DE CUIDADOS Y LA CRISIS DE DESIGUALDAD. Informe de Oxfam

La desigualdad económica está fuera de control. En 2009 los 2.153 milmillonarios que hay en el mundo poseían más riqueza que 4.600 millones de personas. Pero, además, los 22 hombres más ricos del mundo tenían más riqueza que todas las mujeres de África. Esta enorme brecha es consecuencia de un sistema económico fallido y sexista, que se sustenta sobre la desigualdad de género.

Pese a la creciente preocupación por la brecha entre ricos y pobres, la mayoría de los líderes mundiales sigue impulsando políticas que ahondan en la desigualdad.

La perspectiva desde arriba.

En la cúspide de la pirámide económica, una parte reducidísima de la población, fundamentalmente hombres, acumula billones de dólares. Los hombres poseen un 50% más de la riqueza que las mujeres.

Se estima que una tercera parte de la riqueza de los milmillonarios proviene de herencias, lo cual ha dado lugar a una nueva aristocracia que debilita la democracia. Una vez garantizado su patrimonio, los más ricos no tienen más que sentarse y ver cómo crece su dinero gracias a la reducción de impuestos y a la evasión y a la elusión fiscal deliberada. Solo el 4% de la recaudación fiscal mundial procede de los impuestos sobre la riqueza, y hay estudios que demuestran que las grandes fortunas eluden hasta el 30% de sus obligaciones fiscales.

Entre 2011 y 2017, los salarios promedio en los países del G7 se incrementaron un 3%, mientras que los dividendos de los accionistas aumentaron un 31%.

La perspectiva desde abajo.

En la base de la pirámide económica, según datos recientes del Banco Mundial, casi la mitad de la población mundial trata de sobrevivir con 5,50 dólares al día o menos. La mayoría de estas personas son mujeres.

Mujeres y niñas son las que tienen más probabilidades de ocupar empleos precarios y son las que realizan la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado o mal remunerado. No solo sufren discriminación por razón de género, sino también de raza, etnia, nacionalidad, sexualidad y casta.

El modelo dominante de capitalismo promueve y se aprovecha activamente de las creencias sexistas tradicionales, que restan autonomía a las mujeres y dan por hecho que ellas se ocuparán de este tipo de labores, sin valorarlas por realizarlas. Es, sin embargo, un trabajo fundamental para nuestra sociedad. Si nadie invirtiera tiempo, esfuerzo y recursos en estas actividades, comunidades, centros de trabajo y economía entera se colapsarían por completo. El trabajo de cuidados no remunerado aporta a la economía un valor añadido de al menos 10,8 billones de dólares anuales.

Las mujeres realizan más de tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerado, y constituyen dos terceras partes de la mano de obra que se ocupa de los cuidados remunerados.

Por estar en situación de pobreza, muchas mujeres se convierten también en trabajadoras del hogar, uno de los colectivos más explotados del mundo. Tan solo el 10% de ellas están protegidas por la legislación laboral general. Se calcula que hay más de 7,4 millones de personas trabajadoras del hogar en situación de trabajo forzoso y que se les roba 8.000 millones de dólares anuales, el 60 por ciento de los salarios que deberían percibir.

La enorme y desigual responsabilidad del trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres mina su salud y su bienestar y limita su capacidad para prosperar económicamente y para participar en actividades políticas y sociales. Se trata de un trabajo invisible que perpetúa un círculo vicioso de desigualdad económica y de género.

La inminente crisis de los cuidados.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que en 2030 habrá 100 millones más de personas mayores y 100 millones más de niños y niñas de entre 6 y 14 años que necesitarán atención y cuidados. Sin embargo, en lugar de reforzar los programas sociales e incrementar el gasto en cuidados, los gobiernos aumentan los impuestos a los sectores más pobres, reduciendo el gasto público y privatizando los servicios de educación y salud, muchas veces siguiendo los consejos de instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Por otro lado, la emergencia climática ya afecta en mayor medida a las mujeres.

Se calcula que en 2025, hasta 2.000 millones de personas vivirán en zonas donde no habrá agua suficiente. Las mujeres y las niñas tendrán que recorrer mayores distancias para encontrarla. También se reducirá la producción de alimentos y aumentará la incidencia de enfermedades, lo cual incrementará el estrés y las exigencias que sufre este colectivo.

Un mundo más justo es posible.

Los gobiernos de todo el mundo no solo pueden, sino que deben construir una economía más humana y feminista, que beneficie al 99% de la población y no solo al 1%. Para hacer frente al enorme nivel de desigualdad y a la inminente crisis de los cuidados, hay que poner en marcha iniciativas conjuntas y adoptar decisiones políticas valientes.

Un objetivo fundamental es abordar el papel del trabajo de cuidados no remunerado y mal remunerado. Deberían tenerse en cuenta cuatro principios, los 4R: reconocer este trabajo, reducir el número total de horas dedicadas a las labores de cuidados no remuneradas, redistribuir este trabajo de forma más equivalente dentro de las familias y representar a las proveedoras de cuidados más excluidas, garantizando que se tengan en cuenta sus puntos de vista.

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